martes, 9 de febrero de 2016

LA MÁSCARA DE LAS CADENAS 2 PARTE

Casa de La Cadena
Colegio San Cayetano. Una mañana de enero de 1910. Clase de historia
- La  portada semicircular de la Casa de la Cadena, posee unas dovelas desproporcionadamente grandes si lo comparamos con otros edificios del XVI, Pero no es en estas dovelas en lo que ustedes tienen que fijarse, sino el detalle que cobija su alfiz. Verán una cadena minuciosamente labrada. ¿se han fijado bien? ¿alguna interpretación de dicho ornamento mis queridos aspirantes a talentos?
Solo una mano se levantó como un resorte en la clase del profesor D Celorico Sánchez Toribio. Dejó pasar unos segundos por ver si había más alumnos que pudieran plantear diferentes interpretaciones. La única mano siguió en alza con los cinco dedos totalmente extendidos para reclamar  si cabía mayor atención
- Bien, hable usted Gabriel que le veo con ímpetu y velocidad de reacción para la creatividad.
- Yo he pensado mucho en ese detalle D Celorico y cada vez que paso por ahí, que es muchas veces, le doy un significado distinto. Mis últimas conclusiones me llevan a una respuesta inequívoca.
-No sea usted tan taxativo Gabriel, pues en el arte de la ornamentación arquitectónica a veces los caprichos quedan por encima de los significados. Pero siga, siga con su exposición. Le escuchamos atentamente.
Y vaya si escuchaban todos los alumnos pues las intervenciones de Gabriel San Juan eran dignas del aplauso unánime o de una carcajada explosiva. Esto último con mayor frecuencia para su desgracia pues le acarreaba serios disgustos y no pocos bofetones. Pero D. Celorico era un profesor diferente. El sí dejaba hablar, interpretar y soñar. Sin duda era un profesor distinto y querido por todos sus alumnos. José María, el alumno santanderino recién llegado al colegio de San Cayetano, decía de él que era "El magnífico: el mejor profesor que existe en el mundo"

La mañana del primer encierro del Carnaval del Toro de 1910, como  se había acordado, era el día perfecto para dar a conocer el traje de súper héroes de la cuadrilla inseparable de amigos. La confección de las camisolas correspondió a la señora Paquita Castilla, vecina de Isidoro. No tomó ni medidas ni diseñó patrón alguno, confeccionando  talla única en tres cuerpos de hechuras diferentes dando como resultado un auténtico desastre en la percha de los súper héroes.  Isidoro, el más desarrollado, dejaba al aire una panza que se estaba haciendo cada vez más voluminosa desde vivía con su tía. Gabriel y José María, flacos aunque de estaturas distintas, les daba la camisola un aire acampanado, incluso femenino. Las medias negras a modo de pantalón también eran de talla única. Isidoro aclaraba el color negro de la media  hasta la casi rotura embutiendo sus musculosas piernas en el tejido. A José María le quedaban francamente bien debido a los pulgueros extra gordos que se puso debajo. Gabriel, por su parte, pensó que unas medias negras con esa textura estaban pensadas para protegerse del frío y no vio necesario llevar muda interior debajo. Por desgracia para él, sus escuálidas piernas y su estrecha cintura dejaban extremadamente suelta la prenda teniendo que levantar cada dos segundos los bordes de la media so riesgo que esta cayera a la altura de los tobillos por la propia gravedad y la falta de andamiaje. Las capas y el antifaz arreglaban someramente el disfraz. Se uniformaron los tres en casa de Isidoro, pues aquello de vivir con su tía les daba cierta libertad y evitaba que sus otros dos amigos dieran demasiadas explicaciones en casa.
-Recordad- les dijo Isidoro antes de salir de casa- Nunca os despeguéis de mí. No corráis sin sentido y que el miedo no se apodere de vosotros cuando veáis los toros. Mirad para atrás cada segundo pero sin peder la orientación frontal del recorrido y fijad un punto de escapatoria preferiblemente a la derecha. Os queda claro, ¿no?
José María, muerto de miedo, no tenía claro nada. De hecho todavía no sabía qué hacía vestido de esa guisa dispuesto a jugarse el pellejo delante de las bestias.
-Ten confianza Isidoro. Ante ti tienes a dos futuros corredores de encierro- contestó Gabriel al tiempo que cogía del hombro a José María dándole unas palmaditas- Y... por cierto ¿ tienes una cuartilla de papel en blanco? La necesito. 
- Sí claro, ¿necesitas también una plumilla para escribir algo?
- No, no es necesario. 
Sus dos amigos   prefirieron no preguntar pues las ideas de Gabriel era mejor no saberlas y actuar a golpe de improvisación si resultaba ser otra de sus perogrulladas.
- Vamos directos a burlar la muerte amigos. Pues estos tres héroes farinatos hoy marcarán una página en la historia que pasará a la posteridad- Sentenció Gabriel al tiempo que tiró de las medias hacia arriba por enésima vez en apenas unos minutos de vestimenta.
Muchas fueron las mofas de espectadores agolpados entre carretas que delimitaban el recorrido del encierro.  Los tres jóvenes se situaron en la primera entrada de la Puerta del Registro. La sobre carga de adrenalina recorría todos los vasos sanguíneos de José María. Isidoro parecía tranquilo pero en sus ojos se vislumbraba la tensión de alguien que se estaba jugando la vida. Para extrañeza de sus amigos, Gabriel estaba más preocupado de ver si entre los espectadores estaba el amor de su vida: Clarisa, la larga. De repente, para sorpresa de sus amigos, Gabriel  en medio del recorrido, alzó sus manos y pidió sin éxito silencio entre las risas de la concurrencia.

-Oh muerte- Profirió Gabriel a voz en grito entre corredores y espectadores produciendo el silencio deseado para   sonrojo de sus amigos-

En esta hora te desafío con gallardía
para robar a mi desvelo la sequía
que el corazón herido y pertrecho 
alcance el amor  en su provecho.


Un aplauso unánime de la trapatiesta con un algún vítore desgañitado, irrumpió  el pitorreo de los espectadores.

Gabriel alzo nuevamente las manos para pedir silencio  a la vez que mostraba la cuartilla doblada al personal.

-Si muero en el encierro  dad este  poema a mi amada y si de mis venas cae  sangre derramada  sepan que cada gota...
- !Qué vienen los toros!- Se escuchó entre algún espectador.

Sin atender las órdenes de Isidoro, José María y Gabriel salieron corriendo como alma que lleva el diablo hacia el túnel de la Puerta. 
-¡Maldita sea! ¿Pero dónde vais? ¡Aún no!- Les gritó Isidoro.

Sus capas,  se alzaban por la velocidad de sus piernas en paralelo al suelo en un primer instante. Lo aparatoso del disfraz y la flojera de las medias de Gabriel convertidas en calzones de súper héroe,  produjo un traspié que trajo consigo un clamor de pánico entre los espectadores.

Entre estos espectadores se hallaba oculto en el anonimato el Asesino Renacentista que incluso sonrió al escuchar el alegato de Gabriel abandonando inmediatamente después su posición privilegiada en la muralla. No era necesario ver el encierro. Estaba a escasas horas de perpetrar su crimen. La víctima, el desconocido maletilla "Chicuelinas de Puerto Seguro", tenía sus horas contadas.

Continuará...


PRÓXIMO LIBRO
EL ASESINO RENACENTISTA DE LAS CUATRO CALLES


viernes, 5 de febrero de 2016

LA MÁSCARA DE LAS CADENAS. 1 PARTE

El carnaval del toro, epíteto mirobrigense, nos anuncia  el temprano  ayuno carnívoro en los días de Venus con un festival de cornúpetos corriendo calle arriba y abajo, encierros a caballo y capeas al amparo de cielos cenicientos y gélidos. Espectáculo único en el mundo y singular donde lo haya. Unas carnestolendas donde año tras año se repiten las contiendas,  las críticas a la gestión municipal, la diversión, el exceso de alcohol y la desinhibición para confesar lo inconfesable con días venideros de arrepentimiento. Y todos los años lo mismo. Bueno no, todos los años no.

El carnaval del toro de 1910 fue muy especial. Acontecimientos inesperados conmocionaron al pueblo cuando "El Chicuelinas de Puerto Seguro", maletilla desconocido, apareció muerto en la abrigada trasera de la casa de las Cadenas. Una calle sin salida que hoy en día es el vomitorio de una preciada hamburguesería que destaca por su generoso  picadillo de  puercovacuno aderezado con infinitas lonchas de queso de barra y  panceta ahumada. La firma de dicho asesinato llevaba el sello del Asesino Renacentista siendo el primer homicidio, después de la del cabrero Núñez Beltrán  en el Molino del Carbonero, que se produciría en los emblemáticos edificios renacentistas de la villa rodericense. Vayamos a los hechos sin distracciones que evocar las hamburguesas me ha retraído un gusto de rechupete  que me distrae de la empresa que quiero llevar a cabo: contar con pelos y señales lo que negligentes historiadores locales se han negado a investigar aduciendo que la falta de pruebas documentales son susceptibles de caer en la leyenda o chascarrillo. Allá ellos.

La muerte de Bartolomé Núñez Beltrán, descrita en la Gaceta "Columnata Farinata",  pasó inadvertida para buena parte de los lectores del rotativo anarquista  excepto para D. Celorico Sánchez Toribio, el profesor de historia y arte del Colegio San Cayetano.
-Fijaros bien, imberbes cervatillos,en la misiva encontrada en el bolsillo del cabrero que describe esa díscola gacetilla:- les decía Don Celorico a sus atentos alumnos-      "Bajo águilas, leones y cadenas caerán desgraciados al amparo de noches  estrelladas buscando inertes cometas que iluminen mi venganza". Mucho me creo que este mensaje entraña una misiva descifrable para las mentes más inquietas. Siempre me apasionó descubrir misterios. Nos vemos frente uno verdaderamente siniestro, mis queridos aspirantes a talentos. ¿quién me ayuda a descubrir este reto? ¿quién se esconde detrás del asesino renacentista? Necesito  equipos de investigadores... ¿ hay voluntarios?
Excepto Gabriel San Juan, ningún alumno levantó la mano pues esta pedagogía del reto no la entendían y, en su mayoría, los pupilos preferían memorizar para el examen y regurgitarlo a la mayor brevedad posible antes que cayera en las profundidades del olvido.
- Nosotros lo haremos, profesor.
- ¿Nosotros? No veo mano levantada más que la suya, Gabriel- le contestó Don Celorico.
Una sospecha sobrevoló sobre las cabezas de Isidoro y José María. Una sospecha que tomó fundamento cuando Gabriel le contestó levantándose de la silla ante la atenta mirada de los perplejos compañeros de clase.
- Bien podría hacerlo yo solo, pues usted más que nadie conoce mis dotes y habilidades en el arte de la investigación.
Un levantamiento de cejas sincronizado dibujó en la cara de Don Celorico una sutil pero demoledora duda al mismo tiempo que adoptaba una posición de escucha. 
- Pero para empresa de este tamaño -continuó Gabriel- necesito alguien con fuerza bruta y cabeza amueblada. Bien podría ser Isidoro.
- Muy bien ¿alguien más Gabriel?
- Sí, para dar equilibrio al equipo necesito un empollón que me aporte datos y esas cosas que a mí tan mal se me dan. Alguien que sea meticuloso y que conozca las estrellas. He pensado en el montañés. Perdón, en José María.
La razón o el motivo de necesitar a alguien que conociera las estrellas  no lo entendió nadie y mucho menos el boquiabierto José María que solo sabía distinguir el Sol de la Luna
-Muy bien pues ya tiene usted equipo. Si algún asesinato  se produce, y todo me hace sospechar que no será demasiado tarde, espero sus pesquisas con sus consiguientes informes. Y no me los haga en verso que le conozco. ¿Algún equipo más?.

A la salida de las clases se palpaba la preocupación de Isidoro y  José María que venía de la biblioteca con varios libros prestados: uno de astrofísica, otro sobre la vida de Galieo Galiei y  un pequeño libro pésimamente editado con el título de "Aprende a ver las estrellas en el firmamento"
- Chicos, no solo somos un equipo de investigación que va a desenmascarar al cruel asesino del barroco, sino que vamos a ser auténticos súper héroes que nos recordarán por nuestras hazañas.
El comentario de Gabriel no tranquilizó a sus dos amigos y compañeros de clase. Quizás les preocupó más incluso  que ni tan siquiera  hubiera memorizado el seudónimo del fraticida.
- Debemos darnos a conocer en la villa y buscar un uniforme de héroe que nos identifique como los adalides contra los malhechores. Pronto será el carnaval. Para que nuestra presencia no sea tan impactante, sería un buen momento para dar a conocer nuestro uniforme. La gente pensará que vamos disfrazados pero en realidad vamos uniformados. ¿que os parece mi idea?
Tanto Isidoro como José María pensaron que la idea era pésima pero aprovechando que el Carnaval estaba cerca no estaría mal encontrar diversión con una vestimenta de súper hombres.

Después de una tarde de propuestas acordaron disfrazarse (para Gabriel uniformarse) con una camisola de raso negra que la señora Paquita les proporcionaría de algún retal sobrante de su taller casero de remiendos. La parte inferior, a modo de pantalón ajustado, unas medias negras que Isidoro apañaría de su tía y que con suerte tardaría unos días en echarlas en falta. Por último unas capas prestadas  de la Hermandad el Silencio  de la cual Gabriel era cofrade y un retal sobrante de antifaz.

Una vez hicieron acopio de la vestimenta, la cuestión era esperar que se produjera un asesinato para justificar su uniforme y heroicidad. Gabriel estaba convencido que en esas fechas tendrían trabajo de súper héroes y, aprovechando que era carnaval, lo mejor sería tomar partido de la fiesta y correr el primer encierro disfrazados de esa guisa.
Entre el tumulto de espectadores deseosos de ver mozos corriendo entre los astados el Asesino Renacentista  ojeaba a su víctima. Ya tenía decidido dónde iba a perpetrar el crimen. Nada podía salir mal. Estaba todo bien pensado. Mientras tanto los jóvenes súper héroes, ajenos a estas maquinaciones,  se disponían a correr el encierro, el primero en su vida para Gabriel y José María que no así para Isidoro, curtido en su pueblo Retortillo desde que tenía cinco años de numerosos encierros saliendo de todos indemne de una mocha. Y comenzó el encierro matutino del sábado, el primero del carnaval de 1910, con los tres jóvenes estudiantes en la Puerta del Registro haciendo el ridículo más espantoso con un indescifrable disfraz ante la sorprendida mirada de espectadores. 
Peor no se pudo darse el encierro para los aspirantes a súper héroes pero eso es otra historia que dejaré para venideros episodios cuando describa cómo "El Chicuelinas" apareció muerto  encadenado a la casa  con un máscara carnavalera para  salpimentar el dantesco espectáculo.

Continuará...

PRÓXIMO LIBRO
EL ASESINO RENACENTISTA DE LAS CUATRO CALLES

jueves, 7 de enero de 2016

LAS BUENAS INTENCIONES SE ESTRELLAN CON LAS REALIDADES


(Nota introductoria)
No diré nada plausible, ni pasaré a la posteridad pues lo que continuación describo se repite de manera constante en cualquier blog de reflexión educativa.  Un colega y amigo, secretario en un Instituto, me ha pedido que le prepare un pequeño texto justificativo de la importancia de la formación a nivel de centro ya que quiere presentar algo a su claustro suficientemente convincente o que al menos remueva conciencias para que se haga en un futuro un Plan de Formación de Centro. 
Comencé con muy buenas intenciones y hasta, sorprendentemente en mí, medio bien escrito. Tristemente terminé despotricando y volviendo a los problemas de siempre despidiéndome con un "esto no lo arregla ni la madre que lo parió" Evidentemente el texto justificativo para mi amigo será revisado, por no decir cambiado por completo, pero ya puestos lo dejo en crudo en este blog ya que solo trasciende a unos pocos pacientes lectores. Comenzamos.

La mejora de las competencias profesionales docentes adquiere en la actualidad una importancia significativa debido a los cambios  que la sociedad del Siglo XXI nos está reportando. Estos cambios se producen a gran velocidad influyendo de manera directa en estándares económicos, sociales y relacionales. Aquellos "sistemas educativos" invariables o inamovibles ( no me refiero a los gubernamentales, sino a los de un centro, un aula o un profesor) se ven en constante entredicho pues derivan en procesos de enseñanza-aprendizaje descontextualizados que producen, a la larga o a la corta, resultados descorazonadores que llevan en algunos casos a la frustración y desasosiego.
De esta manera debemos hacer un ejercicio de reflexión y también autocrítica con respecto a una misión, visión y valores que pretendemos inculcar en nuestros alumnos teniendo una perspectiva que va más allá de una mejora de resultados académicos, inherentes a un proceso de enseñanza aprendizaje, y proyectarlos a una “preparación para la vida” en una sociedad, como se ha dicho, en continua y frenética evolución.

(Hasta aquí todo va bien, pero empiezo a crecerme y perder el norte. El objetivo inicial del texto para mi amigo empieza a invalidarse por sí solo, so riesgo de que le cuelguen en su centro si lo presenta tal cual a sus compañeros)

Los avances y recientes descubrimientos de la neurociancia con respecto a cómo se produce el aprendizaje, no dejan lugar a la duda o al “yo opino”. Pese a todo, quizás por desconocimiento, se sigue escuchando “yo enseño como he hecho siempre” o “solo cabe el éxito ante el esfuerzo y el estudio” Habida cuenta de los resultados estas frases que aún se escuchan, afortunadamente cada vez menos, no solo muestran una evidencia de irreflexión sino que dan muestras que importa poco o nada un aumento de objetores escolares que alcanza números bochornosos.

Dicho esto “el cambio” ejecutivo en un centro escolar debe partir del núcleo de acción. El currículo oficial nos marca unas pautas comunes con respecto a unos estándares de aprendizaje, unos criterios de evaluación y unos contenidos básicos que deben impartirse en cada nivel (LOMCE) Más allá de hacer una crítica a la normativa vigente, que se puede y se debe hacer aunque esta acabe cayendo en el saco roto y en la pérdida de un precioso tiempo, debemos asumir que de nosotros depende hacer un cambio y cómo vamos a llevarlo a cabo: es decir, entramos de lleno en la compleja palabra que aún hoy nadie se atreve a definir coherentemente: la metodología.

(Aquí me meto en el meollo del asunto y trato de salir con cierto embarullamiento. Definitivamente el objetivo inicial del texto pierde toda validez para fortuna de mi amigo)

Una metodología “ad hoc” o una metodología común para todos sencillamente no existe ya que entran factores clave y determinantes a título individual en el profesorado como: su competencia comunicativa y organizativa, su iniciativa innovadora, si predisposición hacia la autoformación y la inquietud científico didáctica (esto no solo compete a psicopedagogos y orientadores), su capacidad de gestionar emociones e intereses de los alumnos, su competencia tecnológica, su predisposición al aprendizaje constructivo y no unicamente instruccional, su predisposición a enseñar y aprender en entornos virtuales, su capacidad para gestionar aprendizajes cooperativos y motivadores  para los alumnos (aprendizajes por proyectos, basados en el juego, en el reto), su implicación con la familias y sobretodo, y esto engloba todas las anteriores, su capacidad creativa. Estas “habilidades” no se evalúan a la hora de formar parte del cuerpo docente sino que parten de un proceso de concurso oposición que, cuanto menos debería ser revisable y contínuo, pero esta no es la cuestión pues destaparíamos la caja de los truenos. Los servicios formativos de la administración intentan dar una respuesta a estas carencias que, quien más quien menos, todos tenemos. Del éxito para que esta formación permanente confluya en una mejora, el centro educativo debería ser el principal protagonista para dar  identidad propia, coherencia y objetivo unificado. Por tanto la formación no depende de una consecución de cursos, grupos de trabajo o seminarios, sino de un objetivo o Proyecto Formativo unificado y coherente que aporte una singularidad y muestre a la comunidad y a la sociedad cómo se enseña y aprende y, sobre todo, qué valores se transmiten sea colegio o instituto. Por tanto no se habla solo de contenidos, sino también de valores, de compromisos y de hacer partícipes a la familias: en definitiva de ser un mejor ciudadano que deberá adaptarse a una sociedad en continuo cambio
¿Y eso cómo lo hacemos?

(Esta coletilla de "¿y eso como lo hacemos"? la he utilizado cientos de veces cuando no tengo respuestas ni soluciones pero lo dejo caer por ver si alguien entra al trapo)

Podemos empezar por hacer autocrítica y dejar de echar culpas a las familias, a la tecnología móvil, a nuevas leyes educativas con su aumento exponencial de burocratización (esto sí que es cierto) y pensar que quizás nosotros también estemos haciendo algo o muchas cosas mal. Decir esto no es políticamente correcto pues se te juzgará de remilgado o listillo. Pero si todos fuéramos conscientes que debemos cambiar muchas cosas habremos conseguido un primer paso. De nuestra mano queda ahora empezar a ejecutarlo.

(Después de esta solución naif y más que evidente me meto de lleno el meollo: la cruda realidad. Lo que tantas y tantas veces he escuchado en estos últimos diez años. Mi amigo respira pues le digo que no haga ni caso de este texto y que ya le presentaré algo más formal, con bonitas palabras para que nadie se ofenda)

Y es en el momento de la ejecución dónde volvemos a los problemas "trascendentales" que harán un bucle de difícil salida: esto supone mucho trabajo, yo no renuncio al libro de texto que me lo da todo hecho, las familias cuanto más lejos mejor, la administración no me dejará hacer cosas "diferentes", no renuncio a mi horario de coche y no sacrificaré una tarde para formarme... Es decir, esto no lo arregla ni la madre que lo parió

(Mi amigo coincide conmigo en algo: esto no lo arregla ni la madre que lo parió)

miércoles, 30 de diciembre de 2015

SOSPECHAS INFUNDADAS

Ha llegado el momento de cerrar los acontecimientos producidos en los últimos días de junio de 1910 en Ciudad Rodrigo. El nuevo crimen del Asesino Renacentista frente a la puerta de la Casa del Ceño o Casa de los Miranda Ocampo, que ya relaté para mis queridos y exiguos lectores en número, que no en capacidad de intelecto, con las entradas anteriores (veáse la trilogía del Anarquista Furibundo y el pasaje de El misterioso caso del bigotón y la tinta china) llevó a los  tres estudiantes del Colegio San Cayeto, acompañados y dirigidos por Leonarda, a investigar el comprador  del mostacho artificial y la tinta china roja. Vamos a los hechos.


Era lunes, concretamente 28 de junio, y como se acordó el día anterior,  los cuatro jóvenes quedaron frente a la Puerta del Registro. José María, el más puntual, esperaba a sus dos amigos y a Leonarda, su secreta admirada, viendo el devenir  cotidiano del pueblo. Qué distinto era  todo de su ciudad natal, Santander: olor, paisaje, bestias campando por los glacis y exhabruptos como saludos matutinos que mostraban una cordialidad, si se quiere un poco primitiva, pero sincera y de corazón:
- ¡Yeeeeeeahhhh! ¿dónde va uhtez hoy, gañán?

Cómo era posible que en apenas seis meses de estancia en la ciudad castellana se hubiera enamorado de esta tierra. Se sentía libre, querido por sus nuevos amigos y secretamente enamorado de la prima de Clarisa "la larga", nombre que evitaba decir para no delatar su temblor de labios y sus gallos pubertinos.

Después de sufrir la habitual impuntualidad de Gabriel, que justificó con una sucesión de incoherencias difícilmente creíbles, tomaron la Rúa Vieja, antes Calle Tabernilla del Vino Blanco y hoy Calle Madrid, para ir a la tienda de disfraces "Justino".
-Dejadme a mí tomar la riendas de la investigación, Con mi facilidad de verborrea y tesón, pronto daremos con el sagaz homicida, y la muerte del desgraciado fiambre  esclarecida.- Interpuso Gabriel antes de entrar en la tienda de disfraces.

Sus acompañantes se miraron con incertidumbre y preocupación pues cuando en  Gabriel afloraba la vena poética, normalmente los lunes por la mañana embriagado por el efímero encuentro con Clarisa  en la Iglesia de San Andrés, algo solía salir mal.
- Buenos días señor Justino, Sin demora ni titubeos, y mucho menos rollos macabeos, díganos qué cliente o ciudadano ha comprado como parroquiano, este bigotón fraudulento, sin el más mínimo amedrento.

Gabriel le mostraba el bigote cogido por el pulgar y el índice mostrándole el peludo objeto. Éste bamboleaba como un reloj de péndulo diseminando un olor a orín cada vez más pestilente.
- Diablos ¿a qué demonios huele esto?- le contestó  Justino sin atreverse a coger el mostacho de artificio- Sí, este bigote es de mi tienda pero ahora no recuerdo quién lo compró.
- Quizás esta modesta calderilla,  haga que su mente de morcilla, regurgite un efímero recuerdo que nos saque de este entuerto.

Gabriel dejó encima del mostrador unas monedas de valor ínfimo y se le quedó mirando fíjamente a los ojos esperando una respuesta.
- Mira chaval, te voy a dar un sopapo que vas a salir de aquí volando y no te van a quedar dientes para recitar más poesía.
-Discúlpele- interpuso Leonarda-, ha tenido un mal día. No tiene mala fe en sus comentarios pero hacer rimas de manera forzada le conduce a meter la pata constantemente. Nos es muy importante saber quién compró este bigote para devolvérselo pues creemos que lo perdió en un duelo... a mamporrazos en las cañoneras.
-Bien, creo recordar que este bigote lo compró ese personaje extraño que ha llegado a Ciudad Rodrigo hace unos meses.
-¿Pero quién?- repuso Gabriel con ansiedad  mientras recogía las monedas que había dejado en el mostrador.
- El redactor ese de "Columnata Farinata"; Es un buen cliente. En las últimas fechas me ha comprado barbas postizas, gafas oscuras y alguna que otra peluca. Si no fuera por él mis ventas se hubieran visto reducidas a cero. Ojalá tuviéramos un par de carnavales taurinos al año. Escribo al Ayuntamiento todos los meses para lanzar una propuesta carnavalesca veraniega  aduciendo que eso favorecería el comercio local, pero el Concejal Antonio Galán, me responde en vivo con una negativa breve pero taxativa: "Ni de coña inútil. Más te vale que vendieras productos chacineros de la tierra y no estas patrañas paganas"

Sin terminar su lamento los cuatro salieron de la tienda del señor Justino con un "hasta luego" al unísono.
-Diablos,- exclamó José María- el Asesino Renacentista es el redactor de Columnata Farinata. Creo que debemos comunicárselo de inmediato a nuestro profesor Celorico. Recordad que él nos puso el reto de descubrir al asesino.
- Lo hemos conseguido chicos. Hemos resuelto el caso- dijo con orgullo Isidoro.
- Somos implacables al malhechor, héroes farinatos que pasaremos a la posteridad. Nuestros nombres colgarán en las calles por los siglos de los siglos. ¡Viva el anarquisismo!

El vítore de Gabriel sobraba por completo pero él era así y había que dejar que  explayara su entusiasmo
-¿Y el móvil? 
- ¿Qué móvil ni que ocho cuartos? Somos héroes Leonarda. Tú y tu prima estáis invitadas cuando nos condecoren. Seré el primer héroe poeta de los tiempos modernos. 
- No hay crimen sin un móvil, sin un motivo. -le contestó Leonarda un poco enfadada- La gente se mata por una linde, por celos, por robos o engaños. Hay hombres que incluso matan a palizas a sus esposas por el simple motivo de ser mezquinos y machistas. Algo no me cuadra. Creo que debemos ir a la librería de Adolfo Cuadrado. Quiero recordaros que aún debemos investigar la misteriosa tinta china roja que bañaba la Calle Sepulcro y que cualquier idiota podía darse cuenta que aquello no era sangre.

De manera sucinta había llamado idiotas a los tres jóvenes. José María e Isidoro se sintieron aludidos pero aceptaron con la cabeza baja la sutil reprimenda. Gabriel, por su parte, sintió como su sueño de ver en la Plaza Mayor la Placa  "Plaza  Gabriel San Juan" se disipaba por completo.

En la librería de Adolfo Cuadrado dejaron que Leonarda tomara la palabra y que Gabriel ocupara un lugar más discreto so riesgo que nuevos versos colmaran la paciencia de los comerciantes con las consiguientes amenazas de bofetones.
- Buenos días, quería comprar tinta china de color rojo; un rojo sangre a ser posible.
- ¿Tinta china roja?- le contestó con extrañeza el librero-. Agotado. Tristemente no me queda ni un solo tarro. Hace bien poco se llevaron los cuatro botes que me quedaban. Bien pensé que me los comía con patatas y ahora, en menos de una semana, tengo demanda a tutiplén.
- Qué lástima. Necesitaba ese tipo de tinta ya que me entretengo, cuando termino de ayudar a mi madre en la tareas de la casa, a la decoración y policromado de figuritas de porcelana. ¿No sabrá usted quién se lo ha comprado? Quizás pueda llegar a un acuerdo y que él mismo me pudiera vender un poco.
-Seguro que te lo da amablemente sin que le hagas una oferta. Es un buen hombre, un poco taciturbo y ensimismado en sus pensamientos, pero muy amable y educado.
- Sí, ¿pero quién?
- Seguro que alguno de estos tres chicos le conoce bien si estudian en el Colegio San Cayetano. Es el profesor Celorico Sánchez Toribio.
Los tres chicos se quedaron blancos y estupefactos. Leonarda sin perder la expresión de amabilidad de su cara le dio las gracias a Adolfo despidiéndose con suma cortesía.
- No puede ser.
- No es posible.
- El asesino no puede ser nuestro profesor, él es el mejor del mundo.
- Puede ser una triste coincidencia chicos. Os repito que necesitamos un móvil y ...
- ¿Por qué nos manda averiguar unos crímenes que él mismo está llevando a cabo?- Dijo José María casi con lágrimas en los ojos.

Gabriel se fue a su casa sin despedirse muerto de rabia y tristeza. Nunca había tenido un profesor que le valorara tanto, que leyera con tanto entusiasmo sus cuentos y poemas incompletos. José María idolatraba a sus profesor Celorico contado a sus padres todas las enseñanzas que de él recibía. Isidoro lo veía como el padre que siempre quiso tener.

Les ganó el corazón desde el primer día que estuvieron en su clase.
"Dejadme el Ministerio de Educación y cambiaré el mundo. Comenzará con mi linchamiento" Era la frase que tantas veces repetía Celorico y que percutía en el alma de los tres jóvenes: "Antes que a usted le pase nada lo defenderemos con nuestra vida".

Mientras tanto, el Asesino Renacentista se vanagloriaba de haber llevado a los jóvenes investigadores por la senda de la sospecha infundada preparando un nuevo golpe mortal. ¿Y qué mejor fecha que la conmemoración del Centenario de la heroica defensa de Ciudad Rodrigo contra las tropas francesas?


PRÓXIMO LIBRO
EL ASESINO RENACENTISTA DE LAS CUATRO CALLES



jueves, 12 de noviembre de 2015

EL MISTERIOSO CASO DEL BIGOTÓN Y LA TINTA CHINA

Después de haber relatado con notable éxito los hechos acontecidos la noche del 26 de junio de 1910 sin haber escatimado, como prometí,  numerosos datos y sucesos escabrosos (golpes, insultos, sangre y una inoportuna y desgraciada meada al amparo de la muralla civitatense), no puedo por menos seguir relatando para mi querido lector lo que aconteció los días posteriores. Sí he de advertir que si no se lee la trilogía del anarquista furibundo y que, muy amablemente por mi parte,  enlazo para que no pierdas ripio ( primera parte, segunda parte , tercera parte), no te enterarás de nada y dormitarás entre una lectura inconexa y sin ningún sentido. Tú mismo.

Isidoro, José María y Gabriel quedaron como de costumbre  en el parque de la Glorieta antes de ir a la misa matinal del domingo, en la iglesia de San Andrés. Aún guardaban la excitación de la noche anterior y no pegaron ojo dándole vueltas a todo lo que habían vivido. Circunspectos Isidoro y José María apenas se hablaron pues seguían pensando en la ficticia sangre, el siniestro mensaje, y el ridículo mostacho de mentirijillas, todavía en el bolsillo de Isidoro. Gabriel por su parte iba con una sonrisa enorme pues era el día del Señor, y el día del Señor tocaba ver a su amada Clarisa "la larga" o "cuello de jirafa para besar la luna" como a él le gustaba denominarla debido a su enorme estatura. Clarisa siempre iba acompañada de su prima Leonarda  a la iglesia de San Andrés  quien, por su parte, había hecho buenas migas con los tres jóvenes. "La larga" o "cuello de jirafa" en cambio,  los ignoraba absolutamente, especialmente al más pequeñajo, ese del flequillo sobre los ojos  que decía ser poeta pero que a ella  le parecía un enanito entrañable sin desarrollar.

A la salida de la iglesia se encontraron, intencionadamente pero como quien no quiere la cosa, en la puerta.

- Leonarda yo me voy a casa. ¿tú que vas a hacer?- Viendo  que su prima querría conversar con los chicos

Leonarda dudó por un momento la respuesta pues lo que más deseaba del mundo era estar con los tres estudiantes del Colegio San Cayetano de los cuales se había hecho amiga y socia en las investigaciones detectivescas del caso del  asesino renacentista.

- No, yo creo que me voy a quedar a ver qué me cuentan "estos"-. El "estos" lo dijo con cierto desprecio para simular su ansiedad por saber si algún nuevo crimen se había producido.

-Está bien, pero no tardes en venir a casa.
-¿Quieres que te acompañe para que no vayas sola y pueda defenderte del algún desalmado asaltacaminos?- le dijo Gabriel sin pensarlo dos veces cómo era su costumbre.

La incertidumbre de saber cómo sería la demoledora respuesta y posterior aniquilamiento y humillación del poeta que la miraba con ojos brillantes, les mantuvo a todos en vilo, excepto a Gabriel que seguía con cara de tonto sin imaginar el vendaval que le podría venir encima. Un breve silencio de fuego se hizo en ese momento pareciendo una eternidad

- No, gracias

Todos resoplaron aliviados por no ver un escarnio público que hundiera la sensibilidad de Gabriel. Bueno , todos menos Gabriel, que aún mantenía dibujada en la cara una sonrisa bobalicona

Después de ese desencuentro que no pasó a mayores, José María e Isidoro le contaron a Leonarda todo lo que aconteció la noche anterior: el discurso del anarquista, los guantazos de Antonio Galán, el hombre muerto frente a la casa del Ceño, el bigote postizo, la sangre....

-Un momento. ¿queréis decirme que el bigote es postizo?
- Aquí lo tienes. Yo mismo me lo guardé en el bolsillo- le interrumpió Isidoro.
-¡Diablos, que mal huele esto! ¿Pero dónde lo habéis tenido?... huele como a ...

Antes que Leonarda dijera nada más, José María la interrumpió de sopetón con nuevos datos pues era lista como un águila y  podría descubrir  sin mucho esfuerzo que el bigote hubiera sufrido algún accidente de corte fétido y repugnante.

-Tenemos la sospecha que la sangre también es falsa, Leonarda- a José María le temblaba la boca cada vez que pronunciaba su nombre.
-Vayamos al lugar del crimen.  Es posible que aún queden restos.

Ya en la escena Leonarda no tardó ni dos segundos en dar su veredicto sobre el misterioso fluido rojo dejando a todos estupefactos:

-Es tinta china.
-Sangre ya sabia yo que no era- apostilló Isidoro para no quedar demasiado en ridículo- pues en las muchísimas  matanzas de marranos que he hecho suelo encargarme de remover la sangre en el barreño para las morcillas...

Antes que siguiera Isidoro narrando sus aventuras de matarife en las fincas de Retortillo, Leonarda les convocó a los tres a primera hora de mañana del día siguiente para visitar la tienda de regalos y disfraces de Carnaval  Justino, y la librería  Adolfo Cuadrado. 

-Debemos saber quién ha comprado un bigote postizo y tinta china de color rojo estos últimos días. Si hubiera coincidencia, señores,- tomó aire y engoló un poco la voz para dar grandiosidad a la frase lapidaria- habremos descubierto al asesino renacentista.  Y ahora he de marcharme que ya sabéis que no está bien visto que una chica esté acompañada de tres mozos. Mañana nos vemos.

-Hasta mañana Leonor. A José María, además de volver a temblarle la boca por pronunciar su nombre, emitió, para su vergüenza, un gallo diatónico nada melodioso. Afortunadamente para él sus dos amigos no notaron nada. Leonarda sin embargo, al darse la vuelta, cerró los ojos con emoción y con la  sonrisa  de una enamorada.

Mientras tanto el asesino renacentista preparaba minuciosamente un nuevo golpe mortal; esta vez con una repercusión de dimensiones planetarias. ¿Por qué no el día que inauguren las Escuelas Graduadas del Arrabal de San Francisco? ¿Porqué no el mismo día  que se conmemoren los actos del centenario de la defensa mirobrigense sobre las tropas francesas? Lugar, víctima y fecha ya estaban seleccionados para satisfacción del homicida. Antonio Galán, ese engreído Concejal de Seguridad Ciudadana sufrirá un nuevo revés haciéndose notoria su incompetencia  para desempeñar un cargo público viéndose coartadas las aspiraciones de ser el próximo Alcalde  . Jugada perfecta. Por los tres estudiantes y la joven pizpireta lista como un águila no hay que preocuparse, aunque puedan acercarse mucho y estar frente a sus narices, jamás le descubrirán. Solo hay que agudizar las precauciones y no dejar un hilo suelto.

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EL ASESINO RENACENTISTA DE LAS CUATRO CALLES


sábado, 7 de noviembre de 2015

EL ANARQUISTA FURIBUNDO 3 Y ÚLTIMA PARTE

Los hechos de la aciaga noche del 26 de junio y madrugada  del 27 estaban sucediendo con una celeridad y carga emotiva difícil de asimilar en una villa, la mirobrigense, poco acostumbrada a revueltas sociales con discursos anarquistas de por medio y a asesinatos selectivos y cruelmente  sanguinolentos. Tanto el Sr Atienza, el famoso anarquista que tuvo que hacer noche bajo el puente romano para evitar ser apaleado por la masa, como el asesino renacentista, descansaban sofocados al amparo de una cúpula  moteada de  estrellas con sensaciones diferentes; uno muerto de miedo y rabia, y el otro, con la sonrisa de ver cómo sus planes homicidas previamente planificados se iban fraguando inexorablemente.


Anacleto Pastor, el enterrador municipal, apenas tardó unos instantes en personarse en las Cuatro Calles con el carromato fúnebre tirado por una mula  y recoger así al exánime  bigotudo. Antonio Galán y los tres guardas municipales le dirigieron la maniobra  pues imaginaban que, como de costumbre, estaría totalmente beodo y no acertaría a cargar con el muerto a la primera.



-¡Vamos, rápido Anacleto, llévate al despojo de aquí que me estoy poniendo enfermo!- le increpó el Concejal mostrando su fama de autoritario. Manolo el guardia, por su parte, seguía apuntando, en la misma libreta que horas antes había señalado insurrectos anarquistas, pruebas  y pistas del suceso: hora posible del homicidio, sangre en el suelo, tiro en la sien y otra serie de obviedades para cabreo de Antonio:


-¡Manolo, deja de escribir chorradas en esa libreta de mierda y ayuda al borracho este!


Manolo y Anacleto miraron con sumisión al señor Concejal pero heridos por su comentario gratuito y despectivo. Puede que Manolo escribiera "chorradas" pero no dejaban de ser pruebas concluyentes, y puede que Anacleto estuviera totalmente borracho como acostumbraba, pero esa noche esta sorprendentemente sereno. 


Cargó el enterrador con el fiambre como quien carga con una ternera abierta en canal y lo acomodó en el carro con sumo cuidado y mimo.


- ¡Vamos Anacleto , por favor, que es un muerto y lo estás tratando como a una bailarina!- le recriminó nuevamente el Concejal de Seguridad Ciudadana.



Casa del Ceño. Lugar de los hechos.
Despejada la calle, el enterrador tomó  dirección a la Puerta del Sol para dirigirse al cementerio municipal. Por su parte, Antonio Galán y los tres guardias,   tomaron rumbo al Ayuntamiento para recabar información y abrir las pertinentes diligencias, no sin antes pasar por la redacciones de los diarios locales Avante y La Ibera y advertir a los redactores que de lo acontecido frente a la Casa del Ceño ni una letra impresa so riesgo  que se les aumentara el impuesto municipal desproporcionadamente. La advertencia surtió efecto; ni una sola letra impresa del crimen.


Los tres estudiantes aún seguían  escondidos en el portal de la Calle Sepulcro presenciando toda la escena. Cuando vieron que la calle estaba totalmente despejada fueron a husmear el atroz escenario. Isidoro advirtió un objeto negro y peludo frente a la puerta de la casa de los Miranda Ocampo y fue a examinarlo.



-¿Es una rata de cloaca esa cosa?- le preguntó Gabriel

- No-, le contestó Isidoro mientras lo cogía con las manos-es el bigote del muerto.


José María expuso que la posible la trayectoria del tiro en oblicuo le hubiera arrancado el bigote de cuajo. Rápidamente fue rebatida por Isidoro que no observó restos de epidermis en el mostacho.



-Entonces...¿es un bigote postizo?- puntualizó Gabriel mientras se lo quitaba de las manos a Isidoro para ponérselo bajo su naríz.

-¿A que ahora sí que parezco un anarquisista de verdad?-Les dijo Gabriel a sus amigos con el bigote tapándole prácticamente la boca.


Otro detalle que observó Isidoro fue el reguero de sangre. Para cerciorarse de su sospecha se arrodilló sobre el rojizo charco y acercó la nariz como un sabueso.


- Esta sangre no es de verdad. Aún es demasiado líquida. Ya se tendría que haber coagulado y además... no huele a sangre. Todo esto es muy extraño, ¿no creéis?

Los tres amigos tomaron la Calle Muralla dejando la escena del crimen atrás pues allí ya no había nada que rascar.


-¡Un momento! ¿recordáis lo que nuestro profesor Celorico nos dijo sobre la inscripción que hay bajo el alfiz de la puerta de entrada? "Mortali in vita requies mors, tu sola laborum"- Inquirió José María haciendo gala de su portentosa memoria.

- "Oh muerte, tu sola eres el descanso de los trabajos de esta vida mortal" tradujo Isidoro al instante.


Y mientras los dos amigos hacían cábalas intentando interpretar el siniestro mensaje y la relación que tenía con el asesinato, a Gabriel le entraron unas ganas espantosas de orinar en la inspiradora muralla que parecía estar construida para su micción y no para heroicas defensas del pasado. No conforme con echar una meada al uso quiso escribir sobre la muralla "Viva el anarquisismo". La "v" le quedó perfecta pero la i del viva entrañaba una maestría fuera de lo común pues debía hacer un taponamiento del conducto para que el chorrete fuera preciso con el punto. Con tanta filigrana el bigote del muerto que aún tenía puesto terminó por despegarse del todo y cayó al suelo. Este inesperado inconveniente le hizo perder la concentración y con falta de coordinación óculo manual apunto directamente al lugar donde había caído el mostacho postizo para embadurnarlo con el último ímpetu de su orín.



- Gabriel, acabas de echar a perder la única prueba concluyente que teníamos- le dijo José María

- De eso nada.- Y sin ningún miramiento Isidoro lo recogió  aún pingando y lo metió en el bolsillo de su pantalón.


El inteligente asesino renacentista había seleccionado meticulosamente la casa nobiliaria dejando una clara pista con la interpretación del deteriorado mensaje que reposa aún hoy en el entablamento de la casa de los Miranda Ocampo; una broma pesada de ser interpretada por el anarquista Sr Atienza si su lucha obrera y campesina se viera reducida a "oh muerte tu sola eres el descanso de los trabajos de esta vida mortal"



El Sr Atienza tomó de madrugada el largo camino que le llevaría a pie hasta Salamanca acompañado de los cinco estudiantes universitarios y pensándose seriamente dejar la lucha para volver a su Málaga natal. Quién sabe si para trabajar de panadero; lo único que verdaderamente sabía hacer. Echó  la vista atrás y miró desolado  Ciudad Rodrigo pensando: "efectivamente era un pueblo de mierda y jamás se producirá la revolución obrera y campesina en un sitio como ese"



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EL ASESINO RENACENTISTA DE LAS CUATRO CALLES




sábado, 31 de octubre de 2015

EL ANARQUISTA FURIBUNDO 2 PARTE

El discurso del Sr Atienza, como ya reflejamos en la primera parte, comenzó tibio, dubitativo y nervioso ante la expectación de sus correligionarios. No así ante sus refractores deseosos de encontrar una chispa incendiaria para liarse a guantazos con los palmeros del anarquista. Con tono agresivo el Sr Atienza viró hacia  temas espinosos tildando al clero de retrogrado,y moralino. Más agresivo estuvo aún cuando sostuvo con vehemencia  la carencia  de callos en las manos de los sacerdotes que regala  el duro  trabajo del campo  por unas manos delicadas y femeninas que repartían  hostias entre el rebaño.  "¡cuando nuestras asambleas campesinas y obreras lleguen al poder, la desamortización de Mendizábal será un piscolabis en comparación con lo que les vendrá encima, camaradas!"

Una amplia sección de asistentes abucheó enfervorecida al Sr Atienza produciéndose los primeros altercados. Comenzaron los conatos de agresiones selectivas hacia los que no habían abucheado o habían aplaudido tímidamente la arenga anticlerical. El ambiente se estaba enrareciendo de manera acelerada y con un inoportuno cierre de discurso  hasta el borde de la locura cegata, remató catalogando a la monarquía de mongólicos, hemofílicos y puteros. Se produjo entonces una revuelta sin parangón: golpes, insultos, conato de agresión por cuatro mozos de Sancti Spiritus que intentaron subir a la tribuna para dar su merecido al insurrecto malagueño  y, entre toda la algarabía, un pequeño incendio en el palco superior.

El Sr Atienza escapó escoltado por los universitarios saliendo por la puerta trasera del teatro que, con mucha prevención y sagacidad, habían forzado los estudiantes durante el discurso

- ¡¡¡¡Sabotaje, sabotaje!!!! - gritaba el Sr Atienza fuera de sí. 

Huyeron fuera de murallas hasta cobijarse esa misma noche bajo el puente romano que separaba la ciudad del miserable barrio de El Puente, todavía medio en ruinas a causa de la inundación del 22 de diciembre del año anterior

Los policías municipales y  especialmente el Concejal Antonio Galán, se emplearon a fondo dando cachiporrazos y bofetones a los que previamente había anotado en la lista  Manolo el Guardia. Este, por su parte,  seguía escribiendo en la libreta no se sabía muy bien el qué, pero sin muchas intenciones de desenvainar  la porra, La única salida habilitada del Teatro se había convertido en una ratonera para los que aquella noche del 26 de junio acudieron al "meeting" sin otra intención que escuchar al afamado revolucionario y que eran, para su propia desgracia, sospechosos de ser señalados como acólitos de  ideales anarquistas. También se emplearon a fondo los cuatro mozos de Sancti Spíritus que no tenían muy claro porque repartían puñetazos a diestra y siniestra pero que debían cumplir la misión que el concejal les había encomendado días antes  a cambio  de ocho cuartales de pan hechos con harina fina y dos botellas de vino tinto peleón. También participaron activamente en la represalia otros asistentes de corte conservador sin más intención que boicotear el acto violentamente. Objetivo cumplido.

Entre todo ese follón de golpes e insultos Gabriel, promovido por la emoción de la revuelta gritó en la antesala del Teatro 

- ¡Viva el anarquisismo! - movimento engendrado por él unos instantes antes de entrar al Teatro Nuevo

Esa temeridad de poner las cosas peor de lo que estaban, habitual en Gabriel, llamó la atención de Antonio Galán que viendo que el vítore provenía de uno de los tres "imbéciles" del Colegio de San Cayetano armó el brazo como quien disputa un punto decisivo de pelota  centrando su objetivo en el que más abultaba de los estudiantes: Isidoro.   Cuando el sopapo parecía inevitable un grito  dominó la escena deteniendo la pelea "ipso facto", para suerte de Isidoro que quedó incólume de una marca en el moflete

-¡Hay un muerto en las Cuatro Calles! ¡Han asesinado a un hombre!. 

Buena parte de los asistentes, agredidos y agresores, siguieron a los tres guardias y a Antonio que corrieron hace el punto del suceso, el cruce entre las Cuatro Calles y la Calle Sepulcro, frente al palacio de los Miranda Ocampo, o como era conocida por todos: la Casa del Ceño.

El cuerpo de un hombre desconocido  yacía tendido  en el suelo con la sien agujereada a causa de la deflagración. Un reguero de sangre  firmaba de rojo la horrenda escena frente a la apuntalada puerta de entrada de la casa nobiliaria . El hombre anónimo, vestía elegantemente un traje de paño fino veraniego. Sobre su cabeza aún permanecía inalterable un sombrero de bombín enroscado concienzudamente que, pese al disparo, aun permanecía sujeto al troncho  como si de una sola pieza se tratara. Pero sin duda, lo que más llamó la atención de su aspecto, fue el poblado mostacho que gastaba el finido con la puntas afiladas y enroscadas cual cornamenta de búfalo.

- ¡Maldito asesino!- gritó Antonio Galán frente al cadáver-. ¡Juro que daré contigo, aunque sea lo último que haga!

Después del grito juramentado, un silencio atroz y mortal inundó la escena de estremecimiento entre los curiosos pues Antonio, fuera de sus cabales, causaba pavor, No hizo falta decir nada más para entender que viandantes y fisgones sobraban en la calle.
Calle Sepukcro

Isidoro, Gabriel y José María hicieron el amago de marcharse tomando la calle Sepulcro hacia arriba. Sin ser vistos por nadie, se escondieron en un portal que aún les diera la visión del suceso.¿Cómo se iban a perder un nuevo homicidio del asesino renacentista sin recabar alguna pista del suceso?

Lo mismo pensó "El López", editor, columnista y director de la gaceta quincenal "Columnata Farinata" que también se escondió en un portal frente a los estudiantes para recopilar la carnaza necesaria en su próxima e impactante publicación. Los tres estudiantes se quedaron paralizados y muertos de miedo al ver cómo se guarecía  frente a ellos este extraño y siniestro personaje de poblada barba ataviado siempre  con un gorro que cubría parte de sus oscuras gafas. Un cruce de miradas fue suficiente para entender que allí sobraba alguien. El López salió corriendo como alma que lleva el diablo hacia la muralla y perderse entre los glacis.

Y no lejos de allí, difuminado entre las piedras de Ciudad Rodrigo, agazapado hasta asestar su próximo golpe mortal, el asesino renacentista escuchaba para su satisfacción los juramentos del Concejal.

(Continuará)


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